A veces me entra pánico. Pánico de cara al futuro, de qué coño voy a hacer con mi vida profesional y si ésta va a ser compatible con mi vida sentimental. No puedo acomodarme, ser conformista; si me surge una oportunidad debo aprovecharla, aunque signifique irse a Pekín. Ayer fue un día de mierda porque continuamente me golpeaban la cabeza tales pensamientos (últimamente más habituales, por razones obvias). Hoy ha sido un día completamente distinto. Llegué a casa con unas cuantas cervezas encima ya que estuvimos toda la mañana celebrando la aprobación de un proyecto de investigación en el que tendremos la suerte de colaborar; entre charla y charla ha surgido un rayito de luz, una puertecilla se ha abierto por la cual introducirme en este difícil mundillo. Parece que las cosas empiezan a rodar... A ver cuánto dura el ánimo.
Ayer vi finalmente los tres episodios que componen la adaptación televisiva de la novela de Sarah Waters, Fingersmith. Me ha gustado mucho, bastante más que la adaptación de Tipping the Velvet. Quizá sea la estructura narrativa de la novela (que se intenta reproducir en la serie) lo que más me ha atraido. Y qué decir de las actrices protagonistas, están estupendas (me refiero a su interpretación, aunque ellas no están nada mal, en especial Sally Hawkins; esa tía tiene algo que me llama, jijij). Es significativo que la gran cadena inglesa BBC haya producido una serie tan subidita de tono, tan políticamente incorrecta... Aunque en Inglaterra no haya una política que ampare a los homosexuales y reconozca sus derechos esenciales, no puedo dejar de ver el gran abismo que separa nuestro buen acervo hispánico y el sajón. No me imagino a TVE realizando una serie de semejantes características ni por asomo, por mucho PSOE que esté en el poder. Supongo que es una cuestión meramente cultural. A los sajones no se les tensa el esfínter tanto como a los latinos con estas cuestiones. Y es que 2000 años de continuo y machacante pensamiento y praxis judeocristianos nos han jodido pero bien.
Esta conversación tuvo lugar hace un par de semanas en algún punto de mi facultad, entre una muy querida compañera - que llamaremos "M"- y una profesora del año pasado - a la que llamaremos simplemente "P".
P.- "Bueno, ¿y qué tal las clases de ...?" (omito el nombre, sólo diré que se trata de dos asignaturas centradas en estudios de género y literatura femenina). M. - "Bastante bien, aunque tengo que reconocer que me gustan otro tipo de asignaturas más de carácter lingüístico, ya sabes. En cambio, a Donna (usease, yo) le gusta mucho por su enfoque literario y antropológico..." P. - "O sea qué le gustan mucho ambas asignaturas, las cosas de mujeres y eso ¿ no? (nótese el retintín; si le hubiera quitado el "cosas de", habría acabado antes). M. - (Se da cuenta de la manida y estúpida asociación de ideas, pero que en este caso es cierta)."Pues sí"(sonrisilla maliciosa y moviendo la cabeza arriba y abajo lentamente). P. - ¡Lo sabía! M.- Pues yo, si no me llego a enterar por otros cauces, no lo hubiera adivinado. P.- Es que tengo un sexto sentido para eso (glaps!)
Ahora, como supondréis, procuro evitar a P. todo lo posible y a M. la voy a pelar (al menos me enteré de la conversación por ella misma, así que bueno, lo dejaremos correr...). Al tiempo que todo el departamento conozca mi orientación sexual, que no es que me importe, pero que ciertas personas anden especulando con eso, no sé, me parece un poco lamentable.
Hoy he soñado cosas un tanto raras e inquietantes. Me desperté a eso de las 6:30, cuando N. se levantó para ir a currar. Aproveché para levantarme también y poner a grabar en el ordenador el último capítulo de Fingersmith (Falsa identidad), una serie de la BBC basada en la obra homónima de la escritora inglesa Sarah Waters. Cuando volví a la cama, me dormí rápidamente. Aparecí junto a N. y otra persona que conocía (pero que no recuerdo ahora mismo quién era) caminando por una calle que está en las proximidades de la casa de mis padres, en mi ciudad natal. Era de noche y se me ocurrió mirar al cielo estrellado. De pronto, vi cómo se empezaban a mover varias estrellas de forma sospechosa; se movían muy rápido y formando entre ellas figuras geométricas. Cada vez se acercaban más, hasta tal punto que una aterrizó justo delante de casa de mis padres, que era justamente adonde nos dirigíamos. Yo, tras ver el fenómeno, me di cuenta de que estaba sola, no había ni rastro de N. y de la otra persona que nos acompañaba. Eché a correr en dirección opuesta a la casa de mis padres y de pronto me encuentro un fulano, debía de ser un policía o algo pero en plan yanqui seventies, rubio y con bigotón de la época, que me apuntaba con una extraña pistola tipo alienígena. En este punto me desperté con una sensación bastante chunga y es que siempre la tengo cuando me despierto y me vuelvo a dormir (como si me hubieran molido el lomo a palos). Puede parecer bizarrillo el asunto, pero no lo es demasiado si tenemos en cuenta que soy asidua de Iker Jiménez (que a muchos les puede parecer un tonto l'haba, pero por lo menos a mí me entretiene) y su Milenio 3 en la SER y que el otro día vi el mítico film "Encuentros en la 3ª fase" en un canal del Digital +. Y ahora en Cuatro va a ver programilla del amigo Iker (¡ más no, por Dios!). Pero como me conozco y soy lo peor lo veré para luego meterme en la cama acongojada perdida y taparme hasta las cejas. ¡Menos mal que tengo a N. pa defenderme de los cocos que viven debajo de la cama!.
Ay Zeus, aquí estoy una vez más, intentándolo. Intentando crear algo medianamente interesante, después de haberla pifiado unas tres veces, cayendo en la ñoñez, el sentimentalismo barato y en el patetismo más lamentable. No sé que es lo que me arrastra a este mundillo, supongo que yo también deseo una valvulita de escape (yo también quiero, leñe!). Y es que nos suceden cosas, aunque nimias, que merecen mención escrita y como ya sabemos, "verba volant, scripta manet". Un pequeño ritual para dar forma y consistencia a lo que pasa a nuestro alrededor y a nosotros mismos. He reciclado este blog eliminando todos los post anteriores a éste. Mi propósito es no pensarme y currarme tanto los post (que además eran lo peor, por lo que la frustración se elevaba al cubo), cosa que había sido mi principal error anteriormente. Quiero que sea completamente espontáneo y fresco, sin una forma cuidada ni una ortografía perfecta (creo que en esto radica el secreto). Fuera corsés, no quiero obligarme a nada, ni a poner una canción en cada post, ni a poner un post cada día. A ver que sale de aquí...